PRUEBAS DE TOXICOLOGIA EN LOS ENTORNOS EDUCATIVOS

En años recientes ha habido una avalancha de requerimiento de pruebas de toxicología por parte de los colegios, para poder enfrentar algunas situaciones que se les ha presentado con algunos de sus estudiantes. Sin embargo, esto se ha prestado para diversas clases de abusos, equivocaciones y salidas en falso. Es altamente probable que por estas situaciones, el futuro Estatuto Nacional de Drogas –que está en estudio en el congreso y próximo a aprobarse- contemple dentro de sus consideraciones que “En ningún caso un directivo docente tendrá la facultad de solicitar la realización de pruebas de toxicología”. A la fecha no existía ninguna ley que explícitamente expresará la prohibición del uso de este tipo de recursos en los entornos educativos. Muy probablemente, debe reforzar una idea que está consignada en la constitución misma: el derecho a la intimidad. Para tener un entendimiento de la situación global, tendremos que desagregar los diferentes conceptos involucrados en todo este escenario.
¿Qué son las pruebas o exámenes de toxicología?
Básicamente, son revisiones mediante técnicas de laboratorio de algún tipo de fluido corporal en el que sea susceptible identificar la presencia de ciertos tipos de sustancias, agentes químicos, tóxicos o sus compuestos. Los fluidos más ampliamente usados para estos exámenes son la orina, la sangre, la saliva o el contenido estomacal. Pueden usarse diversas técnicas para la identificación de las sustancias: desde las más sencillas a partir del uso de agentes que reaccionan ante la presencia de la sustancias o alguno de sus compuestos –metabolitos- o sino otras más complejas como el uso de aparatos como espectrógrafos de análisis de masas a partir de gases.
¿Que tipos de resultados puede arrojar una prueba?
Los exámenes pueden arrojar resultados de tipo cualitativo y cuantitativo según el tipo de técnica que se emplee. Un resultado cualitativo significa que la sustancia a detectar está presente o ausente. Si está presente, se dice que hay un positivo. El examen cuantitativo, además de arrojar un positivo, estima cantidades o concentraciones de la misma.
¿Qué tan sensibles son las pruebas de orina?
Aun cuando pueda sonar obvio, para detectar la sustancia, esta debe estar presente en unas cantidades mínimas suficientes. Esto depende del tiempo de vida media que tiene cada sustancia dentro del organismo. Además, es necesario que ella este presente en el fluido a analizar. Por ejemplo: el alcohol puede ser detectado en orina entre 3 y 10 horas después del último consumo. Es imposible detectarlo después de 24 horas, por la simple razón que ya ha salido del sistema todo el alcohol que la persona ha ingerido. Ahora bien, una prueba de cabello, en la que se usan técnicas supremamente sofisticadas y por ende, más costosa, si podría detectar la presencia del alcohol incluso semanas o meses después del momento de medición que estamos tomando. Vale la pena aclarar que este tipo de prueba tiene usos demasiado específicos, sobre todo aunque no exclusivamente, en la investigación criminalística y forense.
Volviendo al tiempo de sensibilidad de una prueba de orina, se establece como protocolo que los resultados hablarán de los consumos que se hayan podido dar en el curso de las últimas 24-48 horas. Se aclara sin embargo, que hay sustancias que pueden ser detectadas más allá de este tiempo. Veamos una tabla al respecto:
- Alcohol: 3 a 10 horas
- Anfetaminas: 24 a 48 horas
- Barbitúricos: hasta 6 semanas
- Benzodiazepinas: hasta 6 semanas con un alto nivel de consumo
- Cocaína: 2 a 4 días
- Codeína: 1 a 2 días
- Heroína: 1 a 2 días
- Metadona: 2 a 3 días
- Morfina: 1 a 2 días
- Fenciclidina (PCP): 1 a 8 días
- Tetrahidrocannabinol (THC): 6 a 11 semanas con consumo excesivo
De lo anterior se deduce que hacer afirmaciones como que se puede detectar en orina consumos de 3 meses atrás es claramente incorrecto.
¿Cómo deben interpretarse los resultados de una prueba toxicológica de orina?
Es en este punto en donde las cosas se complican. En el estricto sentido, un resultado positivo significa que en el curso de las últimas 24-48 horas hubo un consumo de las sustancias analizadas. No se puede hacer ninguna otra afirmación más allá de esto. ¿Por qué esta aclaración? Ha habido casos en donde a partir del resultado positivo, se afirma que la personas es un abusador o dependiente de la(s) sustancia(s) siendo esto totalmente incorrecto. Para llegar a dichos diagnósticos, se debe tener un conjunto de registros conductuales durante un tiempo determinado, además, ciertos patrones de frecuencia y cantidad de consumo. Solo una prueba de orina no nos puede aportar toda esta información. Dicho explícitamente: solo a partir del resultado de una prueba no puedo llegar a la conclusión sobre el tipo de patrón de consumo o un diagnóstico.
El error también se puede cometer a la inversa: un resultado negativo no equivale a decir que la persona en cuestión no es un abusador o dependiente.
¿En qué contextos suelen emplearse este tipo de pruebas?
El primero por excelencia es en la intervención médica en centros hospitalarios: una persona llega con pérdida de consciencia al servicio de urgencia. Al tomar la muestra de sangre, entre otras cosas es probable que se le haga una prueba de toxicología para saber si su estado está asociado al uso de una sustancia. Esto suele ser frecuente en los casos de intoxicación por escopolamina, por ejemplo.
En los ámbitos terapéuticos de recuperación por adicciones, estas pruebas se emplean con mucha regularidad cuando el esquema de tratamiento es ambulatorio. Cuando es una medida intramural, tienden a usarse poco, a menos que se tenga sospecha de que se están introduciendo sustancias de manera clandestina.
Ya se mencionó previamente de manera lateral, en el trabajo forense y la investigación criminalística también se usa el análisis toxicológico.
En ciertos escenarios laborales, se emplean con mucha regularidad las pruebas de orina. Específicamente, en los sectores de minería, transporte o trabajos que impliquen uso de armas de fuego, entiéndase, fuerzas armas, servicios de seguridad y vigilancia, forma parte de las normas de seguridad el empleo de estas pruebas.
En el control del tránsito, las alcoholimetrías no son otra cosa que pruebas de toxicología a través del aliento o la saliva.
Otro uso que se le da a las pruebas de orina es con fines de investigación. En los Estados Unidos, algunos estudios epidemiológicos sobre drogas, además de encuestar a las personas, se les pide su colaboración con una prueba de orina. No es de sobra decir que este tipo de estudios son supremamente costosos y por lo tanto, infrecuentes.
Otro campo por excelencia en donde se emplean estas pruebas es en la práctica deportiva profesional. Las famosas pruebas “anti-doping”, no son otra cosa que pruebas de toxicología, que por demás, son supremamente complejas porque buscan detectar una gran variedad de sustancias.
¿Qué sentido tiene el uso de pruebas de toxicología en los entornos escolares?
Es probable que su intención haya sido la mejor, pero no basta con eso. En la realidad, terminó convirtiéndose en una herramienta que se prestó para muchos usos inadecuados.
Veamos sin embargo, los antecedentes que motivaron este tipo de práctica.
No han sido infrecuentes los casos en donde un joven es encontrado en el colegio con el inconfundible olor a marihuana. Lo más común que hace alguien que es descubierto en algo inadecuado, es negarlo. Por lo mismo, la respuesta de algunos chicos ante el coordinador o profesor es “compruébemelo”. O también se dan los casos en donde son los mismos padres quienes hacen la retaliación. ¡Y es aquí cuando la institución cae en una trampa para osos! El colegio no tiene que probar nada, porque no estamos en un juicio. Es deber del colegio informar a los padres la sospecha o presunción que se tiene acerca del posible consumo por parte del joven, en tanto que es un menor de edad. Hacer lo contrario, es decir, omitir dicha notificación puede ser un error muy grave para la institución: si al menor le llega a suceder algo relacionado con el consumo de SPA y el padre se entera que el colegio sabía o sospechaba pero no le informaron, perfectamente podría emprender una acción judicial por negligencia temeraria. No hace falta ser abogado, solo basta con leer con detenimiento y cuidado la ley 1098 de 2006.
Por otra parte, el resultado de una prueba de toxicología, no determina que un menor esté involucrado en microtráfico. Y esta si es una situación que hay que entrar a probar, pero la vía no es la toxicología.
Adicionalmente, un padre o cuidador puede decidir usar pruebas para corroborar las sospechas, pero esto es una decisión familiar y que no puede estar condicionada por exigencias por parte del colegio.
Finalizando, el resultado de una prueba no puede ser el condicionante para una remisión a un centro especializado de tratamiento. Las manifestaciones clínicas conductuales son más robustas para tomar una decisión acertada.
En síntesis, el uso de las pruebas de toxicología tiene valor y sentido en los escenarios jurídicos, en las justas deportivas, en tratamientos ambulatorios o en algunos sectores productivos, para evitar riegos a terceros. Es decir, el bien común estaría por encima del derecho a la intimidad del sujeto. Desde esta perspectiva, el empleo de este tipo de pruebas en escenarios educativos no tendría justificación o razón de ser.
Nos está de sobra aclarar, que toda está situación nada tiene que ver con los laboratorios o las pruebas mismas, sino con el empleo incorrecto que se ha hecho de ellas.