EL CONSUMIDOR
Enfermo o delincuente
La perspectiva de la enfermedad
El gran problema de entender el uso compulsivo y abusivo de cualquier sustancia psicoactivasradica en lo siguiente: Si bien el modelo médico explica perfectamente y al detalle el proceso que ocurre con una virosis o un ataque bacteriano, en el caso de los depresores (alcohol), el modelo resulta inadecuado porque no explica total y satisfactoriamente el proceso y el resultado. Los criterios de etiología, curso, pronóstico y tratamiento son muy claros para explicar lo que sucede con el sarampión, la viruela o la toxoplasmosis, pero fallan de lejos al confrontarlos con la situación de consumo de drogas. Nadie niega que las personas se enferman por consumir sustancias: cáncer, cirrosis o demencia, de igual forma que el consumo excesivo de azúcar o sal, pueden desembocar en otras enfermedades como diabetes o hipertensión. Y existe otro factor muy importante. En las enfermedades de origen patógeno, podríamos afirmar que en la mayoría de los casos, las personas no fueron responsables de su adquisición: Subimos a un bus ignorando que alguien estaba infectado con gripa, quedamos expuestos y la adquirimos. En el caso del consumo de sustancias, desgraciadamente el sujeto tiene un 100% de responsabilidad al entrar en contacto con el supuesto agente patógeno: la droga. Y es quizás, este el grave peligro de la mirada del consumo de drogas como enfermedad: la desvinculación de las decisiones del sujeto con las responsabilidades que estas conlleva.
La mirada del delito
Y aquí, la balanza se inclina peligrosamente al otro extremo: Ver el consumo de ciertas sustancias ya no como enfermedad sino como un acto delincuencial. Haremos nuestro mejor esfuerzo por esgrimir la confusión: es ilegal consumir marihuana pero no alcohol. Entonces legalicemos la marihuana o penalicemos el alcohol, pero no hagamos estas discriminaciones que no están fundamentadas. ¿Cuáles son los soportes y evidencias científicas y jurídicas sobre las cuales está soportado que fumar marihuana como un delito? Desde la imposición arbitraria, ciega e irracional, y sobre todo, si soy quien ostenta el poder, yo puedo decir que cualquier cosa es ilegal simplemente porque ese es mi capricho, sin tener que darle explicaciones a nadie. Estamos hablando claramente de un estado regido por la tiranía. Pero en un estado de derecho, la jurisprudencia esta guiada por criterios, principios y valores fundamentados en la racionalidad del bien común y la ética del mantenimiento del orden jurídico, que no hace otra cosa que proteger los derechos de los individuos, comunidades y estados. Fijémonos: protección de los derechos. Por otra parte, aquello que se juzga es la conducta, no las intenciones, sentimientos o pensamientos (en principio). Tomemos un ejemplo sencillo: A mi se me juzga por haber robado, es decir, por haber tomado un objeto que no era de mi propiedad y sin el consentimiento de su dueño. No se me juzga por haber pensado en robar, haber querido o tener la intención. Y en el caso del robo, es evidente que estoy vulnerando un derecho de otra persona, al apropiarme de su pertenencia. He causado un daño, de menor o mayor magnitud y tendré que entrar a reparar, enmendar, reponer, restituir o compensar el daño causado. Igual sucede con el asesinato, la injuria, la estafa, las lesiones interpersonales y un sin número de acciones resultantes de conductas de las personas. Ahora bien y la máxima atención, porque aquí peligra la vida del artista: ¿En donde radica el daño a otro por consumir marihuana o beber alcohol? Y mucho ojo, no puedo confundir las posibles conductas resultantes por estar bajo el efecto de las sustancias con el consumo mismo. Yo puedo atropellar a alguien estando o no bajo efecto del alcohol. Lo sancionable no fue el consumo de alcohol sino la manipulación de una maquina en un estado en el cual mi nivel de dominio sobre ella, disminuye significativamente y sobre todo, que dicho estado de discapacidad temporal fue autoinducido y que terminó causando un daño. Eso es lo sancionable, no el consumo de alcohol en si mismo. Entonces, ¿dónde está lo sancionable en el consumo de marihuana o de cocaína? Otra cosa, es que incurra en hurto con el fin de financiar mi consumo de cocaína. Nuevamente, lo sancionable es el hurto, no el consumo de cocaína en si mismo. Alguien podría argumentar que es previsible que las personas que consumen drogas, incurran más fácilmente en conductas delictivas. Es incuestionablemente cierto: las evidencias muestran que hay un mayor riesgo o probabilidad de incurrir en delitos si se tiene un consumo elevado de ciertas sustancias, en un período de tiempo determinado y en unas cantidades importantes. Pero hay un pequeñísimo problema: nadie puede ser juzgado por cosas que a lo mejor hará en el futuro, o dicho de otra forma, las probabilidades de ocurrencia de algo no configuran un delito. ¿Es demasiado difícil de entender?
También habrá otras personas que puedan argumentar que está presente la ética del autocuidado y si bien no se configura el daño a si mismo como un crimen, si es importante entrar a tener algún tipo de regulación o control al respecto. Si aceptamos temporalmente tal premisa, tendríamos que asumir la misma medida con la ingesta de grasas, azúcares, sodio, potasio u cualquier cantidad de sustancias presentes en nuestra alimentación diaria. Por lo tanto, habría que declarar la ilegalidad del chicharrón, el tocino y tocineta por su potencial daño a nivel coronario. Si no, preguntémosle a un médico cardiovascular. Desde esta perspectiva, el intento de suicidio, la anorexia, la obesidad y el sedentarismo tendrían que ser declaradas conductas de alto riesgo susceptibles de sanción o control por el aparato estatal. ¿Por qué si el consumo de drogas y no la obesidad si ambas redundan en un daño autoinducido?
Es por eso, que medidas como penalizar o despenalizar tal o cual consumo de sustancias, son acciones infructuosas, vacías, descontextualizadas y que obedecen a proposiciones que están mal planteadas desde el mismo inicio. Y si recordamos la clase de filosofía y el divertido juego con silogismos, premisas y conclusiones, una de las leyes dice que basta con que una de las premisas sea falsa para invalidar la legitimidad de la conclusión. O dicho de otra forma, podemos llegar a conclusiones que son verídicas pero por razones equivocadas, sin que esto haga de dichas razones, el camino lógico deductivo correcto para concretar la conclusión. Y eso es exactamente lo que sucede cuando tratamos de entender, abordar y resolver el consumo de sustancias como una enfermedad o como un delito. Para alguien que ha leído con cuidado y detenimiento, ya podrá ser medianamente claro que el problema del consumo de sustancias y sus consecuencias asociadas, tiene muchas aristas, ninguna más fácil que otra y que su abordaje implica la demanda y concurso de múltiples disciplinas y áreas del saber. Por lo mismo, reducir el consumo de sustancias al nivel de enfermedad o para el gusto de otros, como un simple delito, es una camino que sin lugar a dudas nos va a conducir a… ningún lado.
Para finalizar, hay una forma de tiranía soterrada, silenciosa, escurridiza y muy bien enmascarada en nuestro medio: la ignorancia. Y por otra parte, no sabría que situación es más compleja: Aquel que siendo víctima de la ignorancia, ignora que ignora o sino, aquel que con un pequeño esfuerzo, se percata que está siendo tocado por ella, pero no hace nada al respecto y resignadamente la acepta. Bueno, al menos en el caso de la ignorancia, la cura es sencilla: información y datos correctos. Es más grave cuando, teniendo la información correcta y veraz, nos comportamos como ignorantes. Me ahorro el calificativo usado para describir tal situación.


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