LO QUE OPINAN ALGUNOS CHICOS


En los siguientes vídeos hablan ANDRES y SAMIRA estudiantes de el Instituto Educativo Distrital TOMAS CARRASQUILLA donde nos dan su opinion personal sobre el consumo de sustancias
andres 17 años

samira 16 años


 
 

PRUEBAS DE TOXICOLOGIA EN LOS ENTORNOS EDUCATIVOS 



En años recientes ha habido una avalancha de requerimiento de pruebas de toxicología por parte de los colegios, para poder enfrentar algunas situaciones que se les ha presentado con algunos de sus estudiantes. Sin embargo, esto se ha prestado para diversas clases de abusos, equivocaciones y salidas en falso. Es altamente probable que por estas situaciones, el futuro Estatuto Nacional de Drogas –que está en estudio en el congreso y próximo a aprobarse- contemple dentro de sus consideraciones que “En ningún caso un directivo docente tendrá la facultad de solicitar la realización de pruebas de toxicología”. A la fecha no existía ninguna ley que explícitamente expresará la prohibición del uso de este tipo de recursos en los entornos educativos. Muy probablemente, debe reforzar una idea que está consignada en la constitución misma: el derecho a la intimidad. Para tener un entendimiento de la situación global, tendremos que desagregar los diferentes conceptos involucrados en todo este escenario.
¿Qué son las pruebas o exámenes de toxicología?
Básicamente, son revisiones mediante técnicas de laboratorio de algún tipo de fluido corporal en el que sea susceptible identificar la presencia de ciertos tipos de sustancias, agentes químicos, tóxicos o sus compuestos. Los fluidos más ampliamente usados para estos exámenes son la orina, la sangre, la saliva o el contenido estomacal. Pueden usarse diversas técnicas para la identificación de las sustancias: desde las más sencillas a partir del uso de agentes que reaccionan ante la presencia de la sustancias o alguno de sus compuestos –metabolitos- o sino otras más complejas como el uso de aparatos como espectrógrafos de análisis de masas a partir de gases.
¿Que tipos de resultados puede arrojar una prueba?
Los exámenes pueden arrojar resultados de tipo cualitativo y cuantitativo según el tipo de técnica que se emplee. Un resultado cualitativo significa que la sustancia a detectar está presente o ausente. Si está presente, se dice que hay un positivo. El examen cuantitativo, además de arrojar un positivo, estima cantidades o concentraciones de la misma.
¿Qué tan sensibles son las pruebas de orina?
Aun cuando pueda sonar obvio, para detectar la sustancia, esta debe estar presente en unas cantidades mínimas suficientes. Esto depende del tiempo de vida media que tiene cada sustancia dentro del organismo. Además, es necesario que ella este presente en el fluido a analizar. Por ejemplo: el alcohol puede ser detectado en orina entre 3 y 10 horas después del último consumo. Es imposible detectarlo después de 24 horas, por la simple razón que ya ha salido del sistema todo el alcohol que la persona ha ingerido. Ahora bien, una prueba de cabello, en la que se usan técnicas supremamente sofisticadas y por ende, más costosa, si podría detectar la presencia del alcohol incluso semanas o meses después del momento de medición que estamos tomando. Vale la pena aclarar que este tipo de prueba tiene usos demasiado específicos, sobre todo aunque no exclusivamente, en la investigación criminalística y forense.
Volviendo al tiempo de sensibilidad de una prueba de orina, se establece como protocolo que los resultados hablarán de los consumos que se hayan podido dar en el curso de las últimas 24-48 horas. Se aclara sin embargo, que hay sustancias que pueden ser detectadas más allá de este tiempo. Veamos una tabla al respecto:
  • Alcohol: 3      a 10 horas
  • Anfetaminas:      24 a 48 horas
  • Barbitúricos:      hasta 6 semanas
  • Benzodiazepinas:      hasta 6 semanas con un alto nivel de consumo
  • Cocaína: 2      a 4 días
  • Codeína: 1      a 2 días
  • Heroína: 1      a 2 días
  • Metadona:      2 a 3 días
  • Morfina: 1      a 2 días
  • Fenciclidina      (PCP): 1 a 8 días
  • Tetrahidrocannabinol      (THC): 6 a 11 semanas con consumo excesivo
De lo anterior se deduce que hacer afirmaciones como que se puede detectar en orina consumos de 3 meses atrás es claramente incorrecto.
¿Cómo deben interpretarse los resultados de una prueba toxicológica de orina?
Es en este punto en donde las cosas se complican. En el estricto sentido, un resultado positivo significa que en el curso de las últimas 24-48 horas hubo un consumo de las sustancias analizadas. No se puede hacer ninguna otra afirmación más allá de esto. ¿Por qué esta aclaración? Ha habido casos en donde a partir del resultado positivo, se afirma que la personas es un abusador o dependiente de la(s) sustancia(s) siendo esto totalmente incorrecto. Para llegar a dichos diagnósticos, se debe tener un conjunto de registros conductuales durante un tiempo determinado, además, ciertos patrones de frecuencia y cantidad de consumo. Solo una prueba de orina no nos puede aportar toda esta información. Dicho explícitamente: solo a partir del resultado de una prueba no puedo llegar a la conclusión sobre el tipo de patrón de consumo o un diagnóstico.
El error también se puede cometer a la inversa: un resultado negativo no equivale a decir que la persona en cuestión no es un abusador o dependiente.

¿En qué contextos suelen emplearse este tipo de pruebas?
El primero por excelencia es en la intervención médica en centros hospitalarios: una persona llega con pérdida de consciencia al servicio de urgencia. Al tomar la muestra de sangre, entre otras cosas es probable que se le haga una prueba de toxicología para saber si su estado está asociado al uso de una sustancia. Esto suele ser frecuente en los casos de intoxicación por escopolamina, por ejemplo.
En los ámbitos terapéuticos de recuperación por adicciones, estas pruebas se emplean con mucha regularidad cuando el esquema de tratamiento es ambulatorio. Cuando es una medida intramural, tienden a usarse poco, a menos que se tenga sospecha de que se están introduciendo sustancias de manera clandestina.
Ya se mencionó previamente de manera lateral, en el trabajo forense y la investigación criminalística también se usa el análisis toxicológico.
En ciertos escenarios laborales, se emplean con mucha regularidad las pruebas de orina. Específicamente, en los sectores de minería, transporte o trabajos que impliquen uso de armas de fuego, entiéndase, fuerzas armas, servicios de seguridad y vigilancia, forma parte de las normas de seguridad el empleo de estas pruebas.
En el control del tránsito, las alcoholimetrías no son otra cosa que pruebas de toxicología a través del aliento o la saliva.
Otro uso que se le da a las pruebas de orina es con fines de investigación. En los Estados Unidos, algunos estudios epidemiológicos sobre drogas, además de encuestar a las personas, se les pide su colaboración con  una prueba de orina. No es de sobra decir que este tipo de estudios son supremamente costosos y por lo tanto, infrecuentes.
Otro campo por excelencia en donde se emplean estas pruebas es en la práctica deportiva profesional. Las famosas pruebas “anti-doping”, no son otra cosa que pruebas de toxicología, que por demás, son supremamente complejas porque buscan detectar una gran variedad de sustancias.
¿Qué sentido tiene el uso de pruebas de toxicología en los entornos escolares?
Es probable que su intención haya sido la mejor, pero no basta con eso. En la realidad, terminó convirtiéndose en una herramienta que se prestó para muchos usos inadecuados.
Veamos sin embargo, los antecedentes que motivaron este tipo de práctica.
No han sido infrecuentes los casos en donde un joven es encontrado en el colegio con el inconfundible olor a marihuana. Lo más común que hace alguien que es descubierto en algo inadecuado, es negarlo. Por lo mismo, la respuesta de algunos chicos ante el coordinador o profesor es “compruébemelo”. O también se dan los casos en donde son los mismos padres quienes hacen la retaliación. ¡Y es aquí cuando la institución cae en una trampa para osos! El colegio no tiene que probar nada, porque no estamos en un juicio. Es deber del colegio informar a los padres la sospecha o presunción que se tiene acerca del posible consumo por parte del joven, en tanto que es un menor de edad. Hacer lo contrario, es decir, omitir dicha notificación puede ser un error muy grave para la institución: si al menor le llega a suceder algo relacionado con el consumo de SPA y el padre se entera que el colegio sabía o sospechaba pero no le informaron, perfectamente podría emprender una acción judicial por negligencia temeraria. No hace falta ser abogado, solo basta con leer con detenimiento y cuidado la ley 1098 de 2006.
Por otra parte, el resultado de una prueba de toxicología, no determina que un menor esté involucrado en microtráfico. Y esta si es una situación que hay que entrar a probar, pero la vía no es la toxicología.
Adicionalmente, un padre o cuidador puede decidir usar pruebas para corroborar las sospechas, pero esto es una decisión familiar y que no puede estar condicionada por exigencias por parte del colegio.
Finalizando, el resultado de una prueba no puede ser el condicionante para una remisión a un centro especializado de tratamiento. Las manifestaciones clínicas conductuales son más robustas para tomar una decisión acertada.
En síntesis, el uso de las pruebas de toxicología tiene valor y sentido en los escenarios jurídicos, en las justas deportivas, en tratamientos ambulatorios o en algunos sectores productivos, para evitar riegos a terceros. Es decir, el bien común estaría por encima del derecho a la intimidad del sujeto. Desde esta perspectiva, el empleo de este tipo de pruebas en escenarios educativos no tendría justificación o razón de ser.
Nos está de sobra aclarar, que toda está situación nada tiene que ver con los laboratorios o las pruebas mismas, sino con el empleo incorrecto que se ha hecho de ellas.
 

NO TODO LO QUE BRILLA ES ORO

No es fácil entender por qué la marihuana es la sustancia que tiende a generar mayor polarización. Con el alcohol, si bien su consumo moderado no es susceptible de grandes cuestionamientos, para la mayoría de las personas es evidente cuando se ha sobrepasado el límite de lo aceptable y entra en la franja de lo censurable. El cigarrillo, cada vez está más cercado y acorralado. Y es muy claro que su consumo no es algo que se considere ni siquiera deseable o que forme parte de las expectativas de una persona.

Pero con la marihuana, el asunto es muy diferente: están por un lado quienes cuestionan, censuran y reprenden su consumo. Pero por otra parte, hay aguerridos defensores y contestatarios a las manifestaciones de represión. Tanto es así que incluso a nivel legislativo, no hay plenos acuerdos frente a la despenalización total de su producción, distribución y consumo.

No pretendemos aquí resolver tan puntiaguda y áspera discusión, pero si queremos dejar absoluta claridad frente algunos hechos que no son susceptibles a la controversia. Del mismo modo que la ley obliga a los productores de alcohol y tabaco a advertir al comprador sobre los riesgos para la salud por el consumo excesivo, así mismo se debería presentar la misma advertencia con la marihuana. Obvio, en la eventualidad de que se pudiera adquirir sin restricción en un estanco, cigarrería o supermarket.

La introducción ya está agotada y entremos a derribar algunos mitos o informaciones incorrectas que existen alrededor de la marihuana. Lógicamente, en el marco del respeto hacia sus defensores.

1. Como la marihuana es de origen natural, es más inofensiva comparada con otras drogas sintetizadas artificialmente. Son varios los errores que se conjugan en la afirmación anterior. Primero, la procedencia de una sustancia es independiente de su potencial benéfico o perjudicial. El curare, la cicuta, el ricino, la datura o el borrachero son todas plantas que producen alcaloides y toxinas con un potencial letal… y son muy naturales. O el arsénico (As) que es el elemento químico Nº 33 en la tabla periódica, es de origen natural y también es bastante mortal. Si analizamos las sustancias producidas por el hombre o que llamamos artificiales, el grupo de las dioxinas es conocido por su capacidad tóxica. Suele producirse como un subproducto de ciertos procesos industriales. Entonces, el origen de una sustancia (natural vs. artificial) no es un indicador claro y definitivo de su potencial benéfico o nocivo. Por lo tanto, decir que la marihuana por ser de origen natural es inofensiva o menos dañina que otras sustancias artificiales, es definitivamente una falacia.

2. La marihuana no produce adicción o dependencia. Esto se aceptaba como cierto… hasta mediados de los años 90. Durante esa década se hacen dos descubrimientos muy importantes: por un lado, los receptores canabinoides a nivel cerebral y por otro, la anandamida que es el neurotransmisor asociado con los receptores canabinoides. Habiendo identificado una estructura neurológica y su correspondiente agente bioquímico, el ciclo para explicar la dependencia de la marihuana queda cerrado. Ahora bien, que su capacidad adictiva no es tan veloz como la de otras sustancias, esa es otra discusión. Entonces, para que no queden dudas al respecto: la marihuana si tiene la capacidad de producir dependencia no solo a nivel psicológico sino también a nivel fisiológico. Y también están identificados los síntomas asociados al síndrome de abstinencia producido por la suspensión de su consumo. Existe otro hecho agravante: la marihuana que se encuentra actualmente en las calles es de 10 a 20 veces más potente que la que fumaban los hippies en los años 60. Esto significa que, hoy en día se requiere menos tiempo de contacto con la marihuana para que se empiecen a expresar las consecuencias por su consumo.

3. El cigarrillo es más nocivo para los pulmones que la marihuana. Esta comparación es un tanto, como decirlo… extraña, por no usar calificativos más fuertes. Es algo así como pretender dispararse en una pierna y comparar que munición es menos dañina, si una bala 22 o una 9mm. Tanto el cigarrillo (tabaco) como la marihuana tienen un potencial cancerígeno y para decepción de algunos, la marihuana tiene muchos más que el tabaco. Entonces, es también una falacia compararla con el cigarrillo y dejar a este último como más “perverso”. Y que no se mal entienda, lo anterior no es justificación para fumar cigarrillo.

. La marihuana no produce daño cerebral: vale la pena que recordemos un hecho ya mencionado. La yerba que se consigue hoy es más potente que la que fumaban en los años 60. Y efectivamente en dicha época hubo publicaciones científicas que hacían tal aseveración. Sin embargo, fueron los catedráticos universitarios quienes se percataron que aquellos estudiantes fumadores “duros” de marihuana, presentaban ciertos problemas como desatención y problemas de memoria.

Las investigaciones sobre la cannabis no pararon y empezaron a aparecer resultados que ya insinuaban la posibilidad de daño cerebral. Hoy, se ha identificado una consecuencia muy complicada por el uso de la marihuana: el síndrome amotivacional. Y las sospechas del origen de este síndrome apuntan a daño cerebral. Sugerencia paranoide: recordemos que a mediados de los años 50, la publicidad del cigarrillo empleaba la imagen de médicos aduciendo la inocuidad de su consumo. Hoy nos parece indecente afirmar que el cigarrillo no es perjudicial para la salud. Ahora bien, ¿qué tal que en 10 años las investigaciones sobre la marihuana a partir de neuroimágenes sean mucho más contundentes y solo reconfirmen lo que la observación clínica ya a puesto en evidencia?

Recientemente, una publicación científica se ha robado los titulares en los periódicos más populares alrededor del mundo. Una investigación de reciente publicación hecha en Nueva Zelandia (Ver al final en la bibliografía), tras un seguimiento de más de 35 años mostró como en los usuarios crónicos de marihuana, se identificaron alteraciones neuropsicológicas. Una de dichas alteraciones mostró una reducción de hasta 8 puntos en el coeficiente intelectual. Para que el lector pueda contextualizarse: El máximo desarrollo de la inteligencia se alcanza hasta los 21 – 22 años. Significa esto que durante estos años, es importante considerar el tipo de influencias que recibe el cerebro en su proceso de desarrollo. Una vez alcanzado el máximo desarrollo de la inteligencia, esta tiende a mantenerse más o menos estable el resto de la vida. Las máximas variaciones observables son de +/- 1 punto, en condiciones normales. Si consideramos que las escalas tipifican un puntaje entre 80 – 89 como poco inteligente, entre 90 – 109 como normal y 110 – 119  como muy inteligente; alguien que tenga una puntuación de 90 y se dedica a fumar marihuana de manera sistemática, reducirá su inteligencia al rango de poco inteligente y alguien que se encuentre en ese rango y desarrolla el mismo hábito, clasificará como fronterizo. Lo más preocupante del estudio, es que al parecer estos daños mostrarían ser de carácter permanente. Es decir, el uso crónico de marihuana podría llegar a tener el mismo efecto que un accidente cerebrovascular leve, una contusión seria o una intoxicación con metales pesados.

Para que dimensionemos la importancia de la inteligencia, si bien no es un factor único, se considera que tiene un papel muy importante para las mayores posibilidades de desarrollo, avance y prosperidad de un individuo. Es por eso, que desde la perspectiva de los determinantes sociales de la salud, la oportuna, suficiente y adecuada alimentación en la primera infancia es trascendental para el buen desarrollo del cerebro de los niños y por ende, el aumento de sus posibilidades de acceder a condiciones dignas de bienestar.

5. La marihuana tiene usos medicinales: Es cierto, pero eso no significa que su uso se deba extender a quienes no cumplen con la condición médica que obligaría su empleo. Los usos médicos reconocidos son como anti-emético, es decir que evita el vómito y las nauseas. Esto se observa particularmente en pacientes que están tomando medicación retroviral, es decir, portadores de VIH y personas que están en quimioterapia y radioterapia como consecuencia de algún tipo de cáncer. Entonces, que tenga algunos usos médicos no es una justificación –al menos válida- para su uso recreativo. La cocaína también tuvo usos médicos hasta no hace mucho, como un vasoconstrictor en las intervenciones de la nariz. La morfina aun se sigue empleando como analgésico y el listado de sustancias que tienen usos terapéuticos pero que caen como sustancias de abuso es amplio y extenso. El mensaje es muy claro: el uso terapéutico que pueden tener ciertas sustancias, incluida la marihuana, no avalan su uso recreativo.

6. La marihuana puede mejorar el desempeño sexual: Esta es quizás la peor de las falacias. Existen muchas evidencias que muestran como en los hombres puede producir no solo impotencia sino también infertilidad. En las mujeres, la condición de infertilidad puede llegar a ser permanente. Entonces, el uso crónico de marihuana puede llegar a afectar seriamente el sistema endocrino. Vale la pena aclarar que la inducción de infertilidad tanto masculina como femenina no hace del empleo de la marihuana un método anticonceptivo.

 

7. EL consumo de marihuana puede producir psicosis y esquizofrenia: Así como hay mitos que minimizan los alcances del consumo de marihuana, también hay otros que sobredimensionan sus posibilidades. Y en honor a la veracidad, las dos posiciones pecan de falaces. El consumo de marihuana no CAUSA esquizofrenia y ponemos en mayúsculas la palabra por la implicación que ello conlleva. El consumo de marihuana puede desencadenar procesos psicóticos o esquizofrenia pero en personas con antecedentes familiares u otros eventos que operan como condiciones de riesgo para el padecimiento de dicha enfermedad. Es decir, el consumo de marihuana operaría como un activador o desencadenante, nunca como un causante. No así una sustancia como el alcohol, en la que se ha demostrado que su uso desbordado causa daño cerebral que se ve expresado en dos trastornos: demencia y psicosis tipo Korsakov. Y este riesgo al parecer es igual entre personas con o sin antecedentes familiares de  esquizofrenia. ¿Es evidente entonces, cuál es el poder de un factor que pueda tener una capacidad determinante de causalidad? Sintetizando: la marihuana específicamente no causa esquizofrenia aun cuando si la puede desencadenar en personas con un perfil de riesgo.

Podríamos extendernos más mostrando los efectos del uso reiterado de la marihuana sobre el sistema inmunológico, el corazón o en el embarazo. También somos conscientes que todas estas evidencias nunca serán argumento o razón suficiente para que alguien que está habituado a su consumo, tenga en consideración su abandono. Pero no por eso, se debe prescindir del deber ético de informar a la población con datos veraces, oportunos y pertinentes. Las decisiones que cada cual decida asumir, con o sin información válida, esa ya es otra historia.

 

EL CONSUMIDOR

Enfermo o delincuente 


La perspectiva de la enfermedad
El gran problema de entender el uso compulsivo y abusivo de cualquier sustancia psicoactivasradica en lo siguiente: Si bien el modelo médico explica perfectamente y al detalle el proceso que ocurre con una virosis o un ataque bacteriano, en el caso de los depresores (alcohol), el modelo resulta inadecuado porque no explica total y satisfactoriamente el proceso y el resultado. Los criterios de etiología, curso, pronóstico y tratamiento son muy claros para explicar lo que sucede con el sarampión, la viruela o la toxoplasmosis, pero fallan de lejos al confrontarlos con la situación de consumo de drogas. Nadie niega que las personas se enferman por consumir sustancias: cáncer, cirrosis o demencia, de igual forma que el consumo excesivo de azúcar o sal, pueden desembocar en otras enfermedades como diabetes o hipertensión. Y existe otro factor muy importante. En las enfermedades de origen patógeno, podríamos afirmar que en la mayoría de los casos, las personas no fueron responsables de su adquisición: Subimos a un bus ignorando que alguien estaba infectado con gripa, quedamos expuestos y la adquirimos. En el caso del consumo de sustancias, desgraciadamente el sujeto tiene un 100% de responsabilidad al entrar en contacto con el supuesto agente patógeno: la droga. Y es quizás, este el grave peligro de la mirada del consumo de drogas como enfermedad: la desvinculación de las decisiones del sujeto con las responsabilidades que estas conlleva.

La mirada del delito
Y aquí, la balanza se inclina peligrosamente al otro extremo: Ver el consumo de ciertas sustancias ya no como enfermedad sino como un acto delincuencial. Haremos nuestro mejor esfuerzo por esgrimir la confusión: es ilegal consumir marihuana pero no alcohol. Entonces legalicemos la marihuana o penalicemos el alcohol, pero no hagamos estas discriminaciones que no están fundamentadas. ¿Cuáles son los soportes y evidencias científicas y jurídicas sobre las cuales está soportado que fumar marihuana como un delito? Desde la imposición arbitraria, ciega e irracional, y sobre todo, si soy quien ostenta el poder, yo puedo decir que cualquier cosa es ilegal simplemente porque ese es mi capricho, sin tener que darle explicaciones a nadie. Estamos hablando claramente de un estado regido por la tiranía. Pero en un estado de derecho, la jurisprudencia esta guiada por criterios, principios y valores fundamentados en la racionalidad del bien común y la ética del mantenimiento del orden jurídico, que no hace otra cosa que proteger los derechos de los individuos, comunidades y estados. Fijémonos: protección de los derechos. Por otra parte, aquello que se juzga es la conducta, no las intenciones, sentimientos o pensamientos (en principio). Tomemos un ejemplo sencillo: A mi se me juzga por haber robado, es decir, por haber tomado un objeto que no era de mi propiedad y sin el consentimiento de su dueño. No se me juzga por haber pensado en robar, haber querido o tener la intención. Y en el caso del robo, es evidente que estoy vulnerando un derecho de otra persona, al apropiarme de su pertenencia. He causado un daño, de menor o mayor magnitud y tendré que entrar a reparar, enmendar, reponer, restituir o compensar el daño causado. Igual sucede con el asesinato, la injuria, la estafa, las lesiones interpersonales y un sin número de acciones resultantes de conductas de las personas. Ahora bien y la máxima atención, porque aquí peligra la vida del artista: ¿En donde radica el daño a otro por consumir marihuana o beber alcohol? Y mucho ojo, no puedo confundir las posibles conductas resultantes por estar bajo el efecto de las sustancias con el consumo mismo. Yo puedo atropellar a alguien estando o no bajo efecto del alcohol. Lo sancionable no fue el consumo de alcohol sino la manipulación de una maquina en un estado en el cual mi nivel de dominio sobre ella, disminuye significativamente y sobre todo, que dicho estado de discapacidad temporal fue autoinducido y que terminó causando un daño. Eso es lo sancionable, no el consumo de alcohol en si mismo. Entonces, ¿dónde está lo sancionable en el consumo de marihuana o de cocaína? Otra cosa, es que incurra en hurto con el fin de financiar mi consumo de cocaína. Nuevamente, lo sancionable es el hurto, no el consumo de cocaína en si mismo. Alguien podría argumentar que es previsible que las personas que consumen drogas, incurran más fácilmente en conductas delictivas. Es incuestionablemente cierto: las evidencias muestran que hay un mayor riesgo o probabilidad de incurrir en delitos si se tiene un consumo elevado de ciertas sustancias, en un período de tiempo determinado y en unas cantidades importantes. Pero hay un pequeñísimo problema: nadie puede ser juzgado por cosas que a lo mejor hará en el futuro, o dicho de otra forma, las probabilidades de ocurrencia de algo no configuran un delito. ¿Es demasiado difícil de entender?
También habrá otras personas que puedan argumentar que está presente la ética del autocuidado y si bien no se configura el daño a si mismo como un crimen, si es importante entrar a tener algún tipo de regulación o control al respecto. Si aceptamos temporalmente tal premisa, tendríamos que asumir la misma medida con la ingesta de grasas, azúcares, sodio, potasio u cualquier cantidad de sustancias presentes en nuestra alimentación diaria. Por lo tanto, habría que declarar la ilegalidad del chicharrón, el tocino y tocineta por su potencial daño a nivel coronario. Si no, preguntémosle a un médico cardiovascular. Desde esta perspectiva, el intento de suicidio, la anorexia, la obesidad y el sedentarismo tendrían que ser declaradas conductas de alto riesgo susceptibles de sanción o control por el aparato estatal. ¿Por qué si el consumo de drogas y no la obesidad si ambas redundan en un daño autoinducido?
Es por eso, que medidas como penalizar o despenalizar tal o cual consumo de sustancias, son acciones infructuosas, vacías, descontextualizadas y que obedecen a proposiciones que están mal planteadas desde el mismo inicio. Y si recordamos la clase de filosofía y el divertido juego con silogismos, premisas y conclusiones, una de las leyes dice que basta con que una de las premisas sea falsa para invalidar la legitimidad de la conclusión. O dicho de otra forma, podemos llegar a conclusiones que son verídicas pero por razones equivocadas, sin que esto haga  de dichas razones, el camino lógico deductivo correcto para concretar la conclusión. Y eso es exactamente lo que sucede cuando tratamos de entender, abordar y resolver el consumo de sustancias como una enfermedad o como un delito. Para alguien que ha leído con cuidado y detenimiento, ya podrá ser medianamente claro que el problema del consumo de sustancias y sus consecuencias asociadas, tiene muchas aristas, ninguna más fácil que otra y que su abordaje implica la demanda y concurso de múltiples disciplinas y áreas del saber. Por lo mismo, reducir el consumo de sustancias al nivel de enfermedad o para el gusto de otros, como un simple delito, es una camino que sin lugar a dudas nos va a conducir a… ningún lado.
Para finalizar, hay una forma de tiranía soterrada, silenciosa, escurridiza y muy bien enmascarada en nuestro medio: la ignorancia. Y por otra parte, no sabría que situación es más compleja: Aquel que siendo víctima de la ignorancia, ignora que ignora o sino, aquel que con un pequeño esfuerzo, se percata que está siendo tocado por ella, pero no hace nada al respecto y resignadamente la acepta. Bueno, al menos en el caso de la ignorancia, la cura es sencilla: información y datos correctos. Es más grave cuando, teniendo la información correcta y veraz, nos comportamos como ignorantes. Me ahorro el calificativo usado para describir tal situación.
 

¿QUE SON SUSTANCIAS PSICOACTIVAS?




Podemos entender por sustancias psicoactivas a cualquier sustancia

natural o artificial que al ser introducidas por cualquier vía (oral, nasal,
intravenosa, intramuscular) ejerce un efecto sobre el Sistema Nervioso Central
y son capaces de alterar las emociones, percepciones, estado de ánimo o inhibir
el dolor de la persona que las consume.
.
Con el uso repetido de cualquiera de estas sustancias la persona empieza a notar una disminución progresiva de sus efectos ante dosis iguales; a este fenómeno se le llama Tolerancia.
Las sustancias psicoactivas se clasifican según su acción en el Sistema Nervioso Central de la siguiente manera:


TIPOS 

  • Depresoras de Sistema Nervioso Central:
  1. 1.Opiáceos: en este grupo encontramos la morfina, metadona y la más conocida por todos la Heroína.
  2. 2.Alcohol: Cualquier bebida alcohólica
  3. 3.Hipnóticos y sedantes: Tranquilizantes y somníferos (medicamentos inductores del sueño)


  • Estimulantes del Sistema Nervioso Central:
  1. 1.Anfetaminas, metanfetaminas
  2. 2.Cocaína
  3. 3.Tabaco, cafeína, cacao

  • Alucinógenos:
  1. 1.LSD, mescalína
  2. 2.Cannabis: Marihuana
  3. 3.Drogas de diseño químico: éxtasis
  4. 4.Inhalantes: Disolventes, pegamentos.


El consumo de estas sustancias implica una alteración en el sistema Nervioso central generando cambios bioquímicos que pueden traer consigo problemas serios como es la dependencia física y psicológica a cualquiera de estas.
Es importante conocer de las sustancias psicoactivas, conocer sus riesgos y las complicaciones de su uso y de esta manera prevenir la enfermedad de la ADICCIÓN que tanto dolor y pena trae a las personas que la padecen así como a su familia y su entorno.